El Metro honra la memoria de Francisco Alberto Caamaño

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Por: Yanela Zapata/listindiario.com

Santo Domingo.- De la estación Los Héroes hasta la Francisco Alberto Caamaño Deñó, los pasajeros tardan un minuto para llegar. En el recorrido hacia la segunda parada del Metro, el transeúnte se embarca en un viaje que lo acerca a un personaje que protagonizó la historia de la Revolución de Abril y que ejemplifica al dominicano en estado de rebelión y lucha.

Se trata de un revolucionario que, después de 36 años de su muerte, es tomado en cuenta para designar con su nombre a una de las estaciones del Metro.

A las 8:15 PM, los asientos sobran; faltan menos de dos horas para que las personas se apropien del pasillo.

Dentro del medio metropolitano, las voces de los pasajeros no se escuchan, sólo se percibe el anuncio de la operadora: “Hemos llegado a la estación Francisco Alberto Caamaño, en la avenida Abraham Lincoln”.

Las puertas del Metro se abren y unas paredes rosadas dan la bienvenida. No hay ningún objeto que represente o ilustre que se trata de una parada que honra al revolucionario, pero aun así los pasajeros reconocen el personaje, saben que en los libros de texto y en los medios de comunicación cada 24 de abril se recuerda su labor patriótica.

“Conozco a Caamaño Deñó, es un héroe nacional. Una de las estaciones de este metro se llama así”, afirmó una transeúnte que todos los días a las 6:00 PM toma este medio de transporte.

El héroe del Metro
“Estamos muy agradecidos por el hecho de que una estación se llame como mi tío, pero creo que esa decisión forma parte de una intención oportunista del Gobierno.

Utilizan figuras de esa naturaleza para mejorar la mala fama del proyecto del Metro”, afirmó Claudio Caamaño, sobrino del líder.

Hace 43 años Claudio se embarcó junto a su tío en una guerra civil que muchos ciudadanos consideraron desde un principio que sería un fracaso. Entre ellos el padre de Caamaño Deñó, un militar adinerado que advirtió a su hijo que no valía la pena inmiscuirse en esa lucha.

“Es que papá nunca me ha comprendido”, dijo Caamaño Deñó luego de una conversación que estableció por teléfono con su padre, el 28 de abril. Aun con el desacuerdo de su progenitor, que era trujillista, se decidió a integrarse al plan.

“Francisco pertenecía a una familia adinerada, sin embargo pronto se dio cuenta de la grandeza del pueblo dominicano y se dedicó a liberarlo de la opresión norteamericana”, señaló Claudio Caamaño.

Este héroe de Abril recibió su formación en las filas de los ejércitos estadounidense y panameño, y su capacitación fue producto de su paso por la Marina de Guerra, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Policía. Esos cuatro días de rebelión en contra del gobierno del Triunvirato y el nortemearicano fueron un reflejo de su experiencia y compromiso, éste último fortalecido por la capacidad que demostró el pueblo al trabajar unido con un compromiso y un objetivo en común.

“Fuimos el primer país que le demostró al mundo que aun siendo pequeños po díamos enfrentar al ejército más poderoso del mundo. Y así lo hicimos”, aseguró.

En 1966 Joaquín Balaguer asume la presidencia de la República, apoyado por Estados Unidos. Ese mismo año, Juan Bosch y Caamaño Deñó organizaronn en Europa un plan en contra del líder reformista, por considerarlo la extensión del poder estadounidense en el país.

Pero ese plan nunca se llevó a cabo. Según cuenta Claudio Caamaño, en 1969 su tío le comentó que dos de sus allegados, Héctor Lachapelle y Montes Arache, comunicaron sus intenciones a las autoridades estadounidenses y así abortaron el plan Bosch- Caamaño.

Un cuatrienio después, en 1973, Caamaño y ocho hombres, entre ellos su sobrino, desembarcaron en la Playa Caracoles, al sur del país.

Sólo sobrevivieron tres, obligados luego a salir al exilio.

“De Caamaño aprendí que debemos seguir sin descanso y luchar”, expresó Kelvin Antonio Batista, un estudiante de ingeniería civil de la UASD, que a las 10:00 de la noche se sube al Metro con un grupo de compañeros.

A pesar de que el tema de la Revolución de Abril no abunda en la agenda de las conversaciones de la juventud de hoy, su legado se refleja en algunos rostros como el de Claudio Caamaño, un miembro de la familia que desde temprano se involucró en grupos sociales y civiles que reclamaban cambios en las estructuras y en la forma de gobernar. “La juventud dominicana busca nuevos derroteros fuera de los que hay en los partidos tradicionales.

Por eso considero que la lucha revolucionaria valió la pena, pues sirve de paradigma y brújula para buscar poel camino a seguir”, señaló Caamaño.

A las 10:00 de la noche la voz de la operadora se escucha de nuevo. Anuncia a los pasajeros la parada que sigue a la Caamaño, mientras los universitarios cuentan sus experiencias del día. A diferencia de lo que ocurre en las guaguas públicas, las personas que toman el Metro dejaron atrás la euforia y los debates de política, religión y deportes para pasar a una cultura en la que el silencio reina, incluso en las horas “pico”.

“Los jóvenes deben pensar seriamente en qué deben dar a nuestro país, no en lo que el país debe darles a ellos”, indicó el revolucionario, al analizar la actitud de la generaciones de hoy.


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