La campaña guerrillera de Playa Caracoles

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Por: Miguel Guerrero

Como cada año para esta época, surgen nuevas interrogantes y versiones sobre la campaña guerrillera en la que perdió la vida el coronel Francisco Caamaño Deñó.

Treinta y ocho años después, el hecho continúa siendo objeto de pasional controversia, respecto al papel jugado por el Partido Revolucionario Dominicano y su líder de entonces, el expresidente Juan Bosch, quien en esos días pasó a la clandestinidad alegando que su vida corría peligro.  Bosch incurrió en numerosas contradicciones en los meses siguientes al desembarco de Playa Caracoles, negándose a aceptar la presencia del exoficial en el territorio nacional al frente de un pequeño grupo insurgente, al desvincularse de todo nexo con la guerrilla. 

Tras haber rechazado ese acontecimiento en los días siguientes a la llegada del grupo encabezado por Caamaño, dijo tres meses después que el secretario general del partido, José Francisco Peña Gómez, se había enterado de la llegada de los guerrilleros el mismo día en que este hecho se produjo, porque lo había escuchado por Radio Habana. Si esta era la opinión del segundo en el partido, la información tenía que haberle llegado a Bosch, quien era el líder de la organización, por lo que siempre ha sido un misterio las razones por las que insistiera en negar lo que todo el país ya sabía.

En un documento publicado por la prensa nacional el primer día de marzo de 1973, Bosch dijo desde el lugar donde se había ocultado, refiriéndose a la muerte de Caamaño y otros dos guerrilleros, que “lo que no creo en absoluto es que murieran en Nizaíto el 16 de febrero”. Según él, “murieron antes, en otro lugar; y algún día se sabrá la verdad que se ha querido ocultar ahora”. 

Sin embargo, el 18 de mayo del mismo año, los diarios publicaron otra declaración de Bosch explicando las causas de la falta de respaldo a la expedición en el hecho de que “se presentara con una guerrilla, además de excesivamente débil por su número, en una zona campesina aislada”, lo que produjo “la impresión de que estaba perdido de antemano, y los pueblos no siguen los movimientos que no les aseguran de entrada la victoria”. Afirmó que el pueblo se vino a dar cuenta de que la guerrilla estaba liderada por Caamaño cuando se hizo dos semanas después el anuncio de su muerte. Pero nunca admitió que hubiera estado equivocado con respecto a ese acontecimiento.

El 21 de mayo de 1973, Bosch acusó a Hamlet Hermann de poner su vida en peligro con motivo de un documento manuscrito firmado por él y publicado en toda la prensa nacional por las Fuerzas Armadas, en el que se sugería el fracaso de la expedición porque Bosch habría supuestamente faltado a un compromiso de apoyarla.

Bosch negó que ese compromiso existiera calificando el documento de Hermann como una mentira y responsabilizándolo de las consecuencias de esa acusación. También rechazaba que el PRD financiara dichas actividades e informando, sin mencionar fuente alguna, que el grupo de guerrilleros había traído la suma de cien mil pesos, el mismo valor en moneda norteamericana debido a la paridad oficial que existía entonces.

A pesar del tono agrio de su respuesta, 14 años después, en el aniversario del desembarco, Bosch y Hermann hablaron en un acto público en homenaje al coronel Caamaño sin mencionar ninguno de los dos aquel documento, ocasión en la cual el primero sostuvo que el líder militar de la llamada Revolución de Abril de 1965 había sido “seducido a que fuera a Cuba por un alto oficial del Servicio Secreto cubano, que luego se comprobó que era un agente del Servicio de Inteligencia de Estados Unidos (CIA)”. Fue en esa actividad, en la que Bosch confesó que “el jefe militar del movimiento constitucionalista designado por mí para llevar a cabo la tarea de liderato era otro coronel del Ejército: Rafael Tomás Fernández Domínguez”, y no Caamaño.

El mismo planteamiento sobre los supuestos vínculos de Caamaño con un doble agente, le fue atribuido anteriormente por El Nacional, en su edición del sábado 9 de junio de 1973. Según el diario, Bosch dijo que Caamaño “pudo haber caído en manos” de la CIA, y que antes de viajar a Cuba desde Europa mantuvo relaciones con un agente castrista que resultó luego ser agente encubierto de los norteamericanos.
El autor es periodista

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